Un día me habló de una agenda o revista que venden en algunos negocios cercanos a la catedral. Se trata de una guía con el calendario y horarios de las misas que se celebran en las diferentes iglesias de la ciudad.
Por lo que se desprende de su conversación, en su comunicación universal, tiene una misión asignada por elevados poderes, misión que no es muy clara, y sin embargo hay algo que le impide su realización. Como si el fin de la misión fuese la lucha con ese obstaculo.Ese obstáculo podría ser el mundo que lo rodea, pero también pareciera haber algo dentro suyo que hace imposible alcanzar su difuso objetivo. Sin perder la esperanza, la convicción que lo anima y la paciencia con que trabaja sus intrincadas reflexiones, acecha con la apasionada modestia del predestinado la hora del llamado.
La vez que lo encontré en la puerta de la biblioteca argentina, venía de consultar en una enciclopedia el nombre de alguien (para él) importante, alguien a quien admira (y que el mundo en general ignora), y se quejó de que la entrada de la enciclopedia era escasa comparada con la importancia del personaje.
Ese día llevaba además una gorra negra con visera en la que brillaban alternadamente una estrella plateada y la medallita dorada de una virgen.